Considero a La Plapla como la resistencia a la escuela
tradicional, donde el rol del docente es indiscutible, portante de la verdad y
el saber. El niño despliega su curiosidad e interés, y lleva aquello que
descubrió a la escuela, (el conocimiento que el posee) y se lo reprime para que
no prospere. Se deslegitima el saber por no estar dentro del ámbito académico.
La Plapla rompe reglas, se sale de la norma. Es más,
considero que hay una parte del cuento que nos interpela a nosotros receptores,
cuando dice: “Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse
quietas una al lado de la otra. ¿no?
Pienso que la escuela y el curriculum deben dejar espacios
donde sean llenados por el conocimiento de los estudiantes, debemos dejar que
los niños se expresen a través de la lectura, de la escritura, o la palabra,
para como en este caso de La Plapla que ese descubrimiento se convierta en
objeto de estudios, creando y recreando contenidos que no se encuentran en el
curriculum. Pues, aquí se nos presenta la posibilidad de ruptura y búsqueda de
otras formas de educar.
El momento que estamos atravesando, nos sugiere que
tengamos en cuenta que las propuestas que hagamos estén enmarcadas en la
actualidad. ¿Es esto posible sabiendo que aún fuera de este contexto muchas de
las propuestas educativas están desactualizadas? Sumado al escaso conocimiento
que muchos de los docentes tenemos en el uso de las tecnologías, ¿es viables
que en las propuestas educativas surjan alternativas que se adecuen a lo
desarrollado a la diversidad de contextos sociales? ¿Qué tan importantes es en
este momento que se pueda traducir con más sencillez el documento curricular?