sábado, 23 de mayo de 2020

La Plapla


Considero a La Plapla como la resistencia a la escuela tradicional, donde el rol del docente es indiscutible, portante de la verdad y el saber. El niño despliega su curiosidad e interés, y lleva aquello que descubrió a la escuela, (el conocimiento que el posee) y se lo reprime para que no prospere. Se deslegitima el saber por no estar dentro del ámbito académico.
La Plapla rompe reglas, se sale de la norma. Es más, considero que hay una parte del cuento que nos interpela a nosotros receptores, cuando dice: “Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra. ¿no?
Pienso que la escuela y el curriculum deben dejar espacios donde sean llenados por el conocimiento de los estudiantes, debemos dejar que los niños se expresen a través de la lectura, de la escritura, o la palabra, para como en este caso de La Plapla que ese descubrimiento se convierta en objeto de estudios, creando y recreando contenidos que no se encuentran en el curriculum. Pues, aquí se nos presenta la posibilidad de ruptura y búsqueda de otras formas de educar.
El momento que estamos atravesando, nos sugiere que tengamos en cuenta que las propuestas que hagamos estén enmarcadas en la actualidad. ¿Es esto posible sabiendo que aún fuera de este contexto muchas de las propuestas educativas están desactualizadas? Sumado al escaso conocimiento que muchos de los docentes tenemos en el uso de las tecnologías, ¿es viables que en las propuestas educativas surjan alternativas que se adecuen a lo desarrollado a la diversidad de contextos sociales? ¿Qué tan importantes es en este momento que se pueda traducir con más sencillez el documento curricular?

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